
Pasé la noche del sábado al domingo envuelto en una especie de duermevela, con recurrentes pesadillas sobre la salida en bicicleta del domingo por la mañana: Molins de Rei - Turó de l'Home - Sant Celoni (125 kms). Soñaba que llovía, que me sonaba el despertador,...
Durante la semana ya había advertido sobradamente a Sergi que no deseaba recibir una llamada suya el sábado por la noche arguyendo alguna patraña para "borrarse" de la salida. No obstante, la recibí, pues ya bien entrada la noche, estaban cayendo chuzos de punta, después de haber caído la del pulpo unas horas antes.
Pero no hubo tutía, así que nos emplazamos a esperar cómo amanecía el domingo. Si no estaba de llover, saldríamos. Era el día elegido y no podíamos fallar. Sólo Sergi y yo. El resto hizo mutis por el foro.
Ya el año pasado, entre bromas y veras, lo habíamos planeado en varias ocasiones, pero lo cierto es que no resulta fácil encontrar una fecha que le vaya bien a más de uno en plena época de triatlones y por la climatología que impera en un puerto de esta enjundia, en el cual se puede pasar frío incluso en pleno verano.
A las 7:00 me desperté y me asomé a la ventana. Amanecía un día espléndido, así que a desayunar y a preparar los aperos ciclistas. A las 7:30, sms de Sergi confirmando que sería de la partida. Ya no había marcha atrás.
Con los 10 minutos de retraso de rigor, partimos en dirección al Turó de l'Home. Nuestra preparación había consistido tan solo en memorizar los cinco o seis pueblos que jalonan la ruta entre Molins y Sant Celoni. El primer tramo nos llevaba hasta Rubí, y de allí a Sant Cugat. Queriendo acortar por el centro de Rubí, nos perdimos, como no podía ser menos. Suerte que dimos con un motorista ex-ciclista que nos acompañó hasta la carretera. Enseguida llegamos a Sant Cugat, donde nos detuvimos en una gasolinera a preguntar a otro motorista, argentino éste, que conducía una Harley. Nos indicó el camino a seguir, que fue corroborado por un runner.
En Cerdanyola, otra consulta y en marcha hacia Montcada. Allí nos detuvimos en el cuartel de los Mossos para preguntar por la carretera de La Roca. Nos indicaron el camino, con mapa de regalo. Por la carretera de La Roca transitamos hacia Montornès, camino de Cardedéu. En un polígono de Montornès nos detuvimos a preguntar de nuevo en un túnel de lavado. Para ellos Cardedéu estaba lejos, así que cuando supieron que íbamos al Turó, pensaron que estábamos mal de la cabeza. En La Roca preguntamos por última vez. A partir de allí, siempre encontramos indicadores de Sant Celoni, donde llegamos circulando por una carretera paralela a la autopista, dejando atrás Llinars del Vallès. En este último tramo aprovechamos para adecentar un poco la media de velocidad.
Ya en Sant Celoni buscamos una cafetería para pedir un diario antiguo que usaríamos para protegernos del frío durante la larga bajada. Unas nubes amenazadoras impedían las vistas de la cima de la montaña.
Ya llevábamos unos 72 kms, y nos preguntábamos si los 26 kms de ascensión ya habían comenzado, pues nuestro transitar se tornó ya bastante cansino. A nuestra derecha, a las afueras de Sant Celoni, dejamos una zona de acampada llena de basura y desperdicios dejados por una pléyade de cumbas con rastas que pululaban por doquier.
La ascensión comienza con unas rampas suaves del 3-4%. Nuestros bidones comienzan a secarse, pero me sonaba que había una fuente hacia el km 6.
Hasta entonces nos habíamos hidratado y nutrido convenientemente, pero el repostaje era necesario, pues quedaban más de 22 kms de ascensión.
Al paso por Mosqueroles, la ascensión comienza a complicarse, dificultad que se acrecenta al paso por la Costa del Montseny. Por fin llegamos a la fuente situada en el km 9, aproximadamente, donde parece que molestamos a un par de mujeres que allí se encontraban. Se marcharon y Sergi escuchó no sé qué de unas tijeras.
Los 10 siguientes kilómetros son los más duros en cuanto a pendiente, que alcazan el 14-15-16% en varias ocasiones. Ahí es cuando pones toda la carne en el asador y le das a la maneta en busca de piñones más grandes, a sabiendas que ya no quedan, por si se obra el milagro. La vegetación es exhuberante. A medida que se asciende, las hayas sustituyen a los pinos y justo antes del del Mirador dels Guaitadors, llegamos a un descansillo de unos 800 metros donde se encuentra el rincón más encantador del puerto. Se trata de una umbría con una vegetación esculpida de tal modo que parece un auténtico jardín zen japonés, con sus helechos y un riachuelo que fluye por el fondo del barranco.
Quedan los quilómetros más duros, los 6 últimos, con fuertes pendientes y, lo que es peor, una calzada totalmente descarnada. Sentarse es siempre un ejercicio efímero en estas condiciones, en las que se transita a 7 kms/h bailando sobre la flaca. No pasan los kilómetros, perfectamente marcados, pero tampoco los hectómetros.
A 4 kms de coronar, una espesa niebla invade la carretera. No se ve más allá de 5 o 10 metros, pero ya queda poco.
En los últimos 300 metros, la pendiente se suaviza mucho, lo que permite bajar piñones, incrementar la marcha y recomponer la figura para coronar este colosal puerto. Los gorilas en la niebla, emergen de ella majestuosamente, con 98 kms entre pecho y espalda. Prueba conseguida. Será el guaraná.
Unos excursionistas nos hacen una foto, que por cierto, ha desaparecido ¿? Lástima.
Debemos regresar rápidamente. Hace frío. Calculamos que unos 8-10 ºC, así que nos pertrechamos con unas hojas de periódico entre pecho y maillot, como en el Tour. Sergi escogió las páginas de contacto, que dice que calientan más. Y menos mal que lo cogimos, porque durante los primeros kilómetros de bajada, el frío era intenso. Las manos perdían la sensibilidad por momentos, totalmente entumecidas. Resultaba difícil frenar la bicicleta en esas condiciones, y más teniendo en cuenta el estado de la carretera y la casi nula visibilidad. Y para más inri, Sergi no llevaba guantes.
A medida que descendíamos, entramos en calor y nos gustamos bajando a toda velocidad en busca del tren. Aún tuvimos fuerzas y arrestos para llanear rápido a la llegada a Sant Celoni y llegar a la estación a las 14;41 para coger el tren que salía a las 14:44.
Eb resumen, una salida memorable.
La crònica del Sergi
Després de veure com aixecaba el dia, a les 7:30 vam decidir que si emprendriem la nostra escalada ciclista al turó de l’home. Entre canvis d’hora i el retràs obligat del menda, cap a les 8:20 ja enfilavem cap a rubí. Allí vam tenir que interrogar als lugareños, ja que el gps que porta el sepia man insertar al cap li va fallar, i vam estar callejeando infructuosamente pel down town de rubí. Al final un ex ciclista, que estava amb la seva pinarello despedint a Colon quan va marxar a fer les amèriques, es va oferir a mostrarnos el camí cap a Sant Cugat i ens va anar obrint camí, anant ell en moto. Un cop a Sant Cugat, i després de preguntar a un motard dels de Harley, i a un corredor empedernit d’uns 50 tacos, vam dirigirnos a Cerdanyola, després a Montada, on ens van tornar a guiar uns mossos d’esquadra bastant peculiars, i fiesteros, de manera que poguessim arribar a la carretera de la Roca, i un cop aquí, va manar atravessant pobles (montornès, Vilanova del vallès, Santa Helena de no se que, i al final Sant Celoni. Aquí vam prendre uns diaris per a protegir-nos del fred a la baixada (vam començar amb una temperatura d’uns 25 graus, i quan vam fer el cim, estavem amb una boira que no es veia a 10 metres, i a 8 graus ¡!!!). I comencen els 25 km de pujadeta. Anem seguint “La costa del Montseny”, deixant endarrera una zona d’acampada plena de cumbes porreros, en la que no deixarieu dormir ni al vostre pitjor enemic: mai havia vist una explanada amb tanta merda per metre quadrat ¡!!!. En els primers 3 km, ja vam començar a dir que semblava que les bicis pesaven molt… jo m’esperava rampes dures cap al final, però no se si era perquè les cames s’havien d’acostumar, o perquè el pendent era fort desde el principi, però veure que pateixes, amb 22 kmm de pujada encara per endavant…. Sobre el km 6 hauriem d’haver trobat una font on carregar d’aigua (jo només portava un bidonet), i aquesta es va presentar al km 8. Vam omplir bidonets, sent controlats per dos lesbianes del 15, que en veure que les destorbavem van anar a un altre paratge a fer la tisora (segons em va comentar el Santos), i després de fotre’ns el gel de rigor, vam seguir pujant. Val a dir, que quan t’oblidaves de que els isquios es queixaven, i no anaves bufant gaire, feies un cop d’ull als paratges per on passavem, i eren espectaculars. Sobre el km 10, passaves per uns 150 metres de tram completamente tapat per arbres, que era gariebé com entrar a un tunel. El Santos va mostrar que comença a ser un escalador a tenir en compte, i va anar a partir de la font sempre uns 50 metres davant meu (suposo ja que quan vaig deixar de veure’l degut a la boira em portava aquesta distància, i quan vaig arribar el vaig divisar a la mateixa distància). Desde el km 16, l’asfalt era de pena, i anava pregant per no punxar (només hauria faltat tenir que arreglar una punxada ¡!!!). Comencem els útlims 6 km, i el Santos no feia més que dir-me: encara queda lo més dur. I a fe de Deu que tenir raó el cabrón ¡!! Jo encara no se si era el pendent, els 89km que ja portavem a les cames (els útlims 19 de pujada txunga), però aquí ja no tenia més pinyons (feia lustros que havia posat el pinyó gran), gairebé no podiem pedalar sense anar aixecats a la bici, i els isquios, el genoll dret, i sobretot l’esquena, ja no sabien com convencer’m per a que parés. Però vam seguir fins a dalt (quan faltaven 3 km ja nos es veia tres en un burro degut a la boira), on vam arribar molt contents, i on ens vam fer la foto de rigor per a deixar testimoni gràfic de la nostra excursión. La baixada, tant bon punt vam deixar de passar fred, i vaig recuperar el control sobre les mans (vaig passar tant de fred els primers 6 km de baixada, que les mans no podiem fer força suficient als frens per a parar la bici), va ser força ràpida, i vam fotre un descens molt maco, i vam acabar rodant fins a Sant Celoni com dos fletxes, per a no perdre el tren (sortia a les 14:44, i vam arribar a l’estació a les 14:41).
En fi, una sortida d’aquestes que no s’obliden, on la mitja (que crec que va ser de 25 km/h), és el de menys: vam ser conservadors per a no arribar castigats a fer l’ascens, després vam estar pujant entre 9 i 13 km/h, amb trams que es feien a 7 km/h, i en el descens tampoc vam poder recuperar molt, ja que no feiem més que intentar frenar tota l’estona (excepte cap al final on hi havia llargues baixades on vam arribar a 63km/h).
Durante la semana ya había advertido sobradamente a Sergi que no deseaba recibir una llamada suya el sábado por la noche arguyendo alguna patraña para "borrarse" de la salida. No obstante, la recibí, pues ya bien entrada la noche, estaban cayendo chuzos de punta, después de haber caído la del pulpo unas horas antes.
Pero no hubo tutía, así que nos emplazamos a esperar cómo amanecía el domingo. Si no estaba de llover, saldríamos. Era el día elegido y no podíamos fallar. Sólo Sergi y yo. El resto hizo mutis por el foro.
Ya el año pasado, entre bromas y veras, lo habíamos planeado en varias ocasiones, pero lo cierto es que no resulta fácil encontrar una fecha que le vaya bien a más de uno en plena época de triatlones y por la climatología que impera en un puerto de esta enjundia, en el cual se puede pasar frío incluso en pleno verano.
A las 7:00 me desperté y me asomé a la ventana. Amanecía un día espléndido, así que a desayunar y a preparar los aperos ciclistas. A las 7:30, sms de Sergi confirmando que sería de la partida. Ya no había marcha atrás.
Con los 10 minutos de retraso de rigor, partimos en dirección al Turó de l'Home. Nuestra preparación había consistido tan solo en memorizar los cinco o seis pueblos que jalonan la ruta entre Molins y Sant Celoni. El primer tramo nos llevaba hasta Rubí, y de allí a Sant Cugat. Queriendo acortar por el centro de Rubí, nos perdimos, como no podía ser menos. Suerte que dimos con un motorista ex-ciclista que nos acompañó hasta la carretera. Enseguida llegamos a Sant Cugat, donde nos detuvimos en una gasolinera a preguntar a otro motorista, argentino éste, que conducía una Harley. Nos indicó el camino a seguir, que fue corroborado por un runner.
En Cerdanyola, otra consulta y en marcha hacia Montcada. Allí nos detuvimos en el cuartel de los Mossos para preguntar por la carretera de La Roca. Nos indicaron el camino, con mapa de regalo. Por la carretera de La Roca transitamos hacia Montornès, camino de Cardedéu. En un polígono de Montornès nos detuvimos a preguntar de nuevo en un túnel de lavado. Para ellos Cardedéu estaba lejos, así que cuando supieron que íbamos al Turó, pensaron que estábamos mal de la cabeza. En La Roca preguntamos por última vez. A partir de allí, siempre encontramos indicadores de Sant Celoni, donde llegamos circulando por una carretera paralela a la autopista, dejando atrás Llinars del Vallès. En este último tramo aprovechamos para adecentar un poco la media de velocidad.
Ya en Sant Celoni buscamos una cafetería para pedir un diario antiguo que usaríamos para protegernos del frío durante la larga bajada. Unas nubes amenazadoras impedían las vistas de la cima de la montaña.
Ya llevábamos unos 72 kms, y nos preguntábamos si los 26 kms de ascensión ya habían comenzado, pues nuestro transitar se tornó ya bastante cansino. A nuestra derecha, a las afueras de Sant Celoni, dejamos una zona de acampada llena de basura y desperdicios dejados por una pléyade de cumbas con rastas que pululaban por doquier.
La ascensión comienza con unas rampas suaves del 3-4%. Nuestros bidones comienzan a secarse, pero me sonaba que había una fuente hacia el km 6.
Hasta entonces nos habíamos hidratado y nutrido convenientemente, pero el repostaje era necesario, pues quedaban más de 22 kms de ascensión.
Al paso por Mosqueroles, la ascensión comienza a complicarse, dificultad que se acrecenta al paso por la Costa del Montseny. Por fin llegamos a la fuente situada en el km 9, aproximadamente, donde parece que molestamos a un par de mujeres que allí se encontraban. Se marcharon y Sergi escuchó no sé qué de unas tijeras.
Los 10 siguientes kilómetros son los más duros en cuanto a pendiente, que alcazan el 14-15-16% en varias ocasiones. Ahí es cuando pones toda la carne en el asador y le das a la maneta en busca de piñones más grandes, a sabiendas que ya no quedan, por si se obra el milagro. La vegetación es exhuberante. A medida que se asciende, las hayas sustituyen a los pinos y justo antes del del Mirador dels Guaitadors, llegamos a un descansillo de unos 800 metros donde se encuentra el rincón más encantador del puerto. Se trata de una umbría con una vegetación esculpida de tal modo que parece un auténtico jardín zen japonés, con sus helechos y un riachuelo que fluye por el fondo del barranco.
Quedan los quilómetros más duros, los 6 últimos, con fuertes pendientes y, lo que es peor, una calzada totalmente descarnada. Sentarse es siempre un ejercicio efímero en estas condiciones, en las que se transita a 7 kms/h bailando sobre la flaca. No pasan los kilómetros, perfectamente marcados, pero tampoco los hectómetros.
A 4 kms de coronar, una espesa niebla invade la carretera. No se ve más allá de 5 o 10 metros, pero ya queda poco.
En los últimos 300 metros, la pendiente se suaviza mucho, lo que permite bajar piñones, incrementar la marcha y recomponer la figura para coronar este colosal puerto. Los gorilas en la niebla, emergen de ella majestuosamente, con 98 kms entre pecho y espalda. Prueba conseguida. Será el guaraná.
Unos excursionistas nos hacen una foto, que por cierto, ha desaparecido ¿? Lástima.
Debemos regresar rápidamente. Hace frío. Calculamos que unos 8-10 ºC, así que nos pertrechamos con unas hojas de periódico entre pecho y maillot, como en el Tour. Sergi escogió las páginas de contacto, que dice que calientan más. Y menos mal que lo cogimos, porque durante los primeros kilómetros de bajada, el frío era intenso. Las manos perdían la sensibilidad por momentos, totalmente entumecidas. Resultaba difícil frenar la bicicleta en esas condiciones, y más teniendo en cuenta el estado de la carretera y la casi nula visibilidad. Y para más inri, Sergi no llevaba guantes.
A medida que descendíamos, entramos en calor y nos gustamos bajando a toda velocidad en busca del tren. Aún tuvimos fuerzas y arrestos para llanear rápido a la llegada a Sant Celoni y llegar a la estación a las 14;41 para coger el tren que salía a las 14:44.
Eb resumen, una salida memorable.
La crònica del Sergi
Després de veure com aixecaba el dia, a les 7:30 vam decidir que si emprendriem la nostra escalada ciclista al turó de l’home. Entre canvis d’hora i el retràs obligat del menda, cap a les 8:20 ja enfilavem cap a rubí. Allí vam tenir que interrogar als lugareños, ja que el gps que porta el sepia man insertar al cap li va fallar, i vam estar callejeando infructuosamente pel down town de rubí. Al final un ex ciclista, que estava amb la seva pinarello despedint a Colon quan va marxar a fer les amèriques, es va oferir a mostrarnos el camí cap a Sant Cugat i ens va anar obrint camí, anant ell en moto. Un cop a Sant Cugat, i després de preguntar a un motard dels de Harley, i a un corredor empedernit d’uns 50 tacos, vam dirigirnos a Cerdanyola, després a Montada, on ens van tornar a guiar uns mossos d’esquadra bastant peculiars, i fiesteros, de manera que poguessim arribar a la carretera de la Roca, i un cop aquí, va manar atravessant pobles (montornès, Vilanova del vallès, Santa Helena de no se que, i al final Sant Celoni. Aquí vam prendre uns diaris per a protegir-nos del fred a la baixada (vam començar amb una temperatura d’uns 25 graus, i quan vam fer el cim, estavem amb una boira que no es veia a 10 metres, i a 8 graus ¡!!!). I comencen els 25 km de pujadeta. Anem seguint “La costa del Montseny”, deixant endarrera una zona d’acampada plena de cumbes porreros, en la que no deixarieu dormir ni al vostre pitjor enemic: mai havia vist una explanada amb tanta merda per metre quadrat ¡!!!. En els primers 3 km, ja vam començar a dir que semblava que les bicis pesaven molt… jo m’esperava rampes dures cap al final, però no se si era perquè les cames s’havien d’acostumar, o perquè el pendent era fort desde el principi, però veure que pateixes, amb 22 kmm de pujada encara per endavant…. Sobre el km 6 hauriem d’haver trobat una font on carregar d’aigua (jo només portava un bidonet), i aquesta es va presentar al km 8. Vam omplir bidonets, sent controlats per dos lesbianes del 15, que en veure que les destorbavem van anar a un altre paratge a fer la tisora (segons em va comentar el Santos), i després de fotre’ns el gel de rigor, vam seguir pujant. Val a dir, que quan t’oblidaves de que els isquios es queixaven, i no anaves bufant gaire, feies un cop d’ull als paratges per on passavem, i eren espectaculars. Sobre el km 10, passaves per uns 150 metres de tram completamente tapat per arbres, que era gariebé com entrar a un tunel. El Santos va mostrar que comença a ser un escalador a tenir en compte, i va anar a partir de la font sempre uns 50 metres davant meu (suposo ja que quan vaig deixar de veure’l degut a la boira em portava aquesta distància, i quan vaig arribar el vaig divisar a la mateixa distància). Desde el km 16, l’asfalt era de pena, i anava pregant per no punxar (només hauria faltat tenir que arreglar una punxada ¡!!!). Comencem els útlims 6 km, i el Santos no feia més que dir-me: encara queda lo més dur. I a fe de Deu que tenir raó el cabrón ¡!! Jo encara no se si era el pendent, els 89km que ja portavem a les cames (els útlims 19 de pujada txunga), però aquí ja no tenia més pinyons (feia lustros que havia posat el pinyó gran), gairebé no podiem pedalar sense anar aixecats a la bici, i els isquios, el genoll dret, i sobretot l’esquena, ja no sabien com convencer’m per a que parés. Però vam seguir fins a dalt (quan faltaven 3 km ja nos es veia tres en un burro degut a la boira), on vam arribar molt contents, i on ens vam fer la foto de rigor per a deixar testimoni gràfic de la nostra excursión. La baixada, tant bon punt vam deixar de passar fred, i vaig recuperar el control sobre les mans (vaig passar tant de fred els primers 6 km de baixada, que les mans no podiem fer força suficient als frens per a parar la bici), va ser força ràpida, i vam fotre un descens molt maco, i vam acabar rodant fins a Sant Celoni com dos fletxes, per a no perdre el tren (sortia a les 14:44, i vam arribar a l’estació a les 14:41).
En fi, una sortida d’aquestes que no s’obliden, on la mitja (que crec que va ser de 25 km/h), és el de menys: vam ser conservadors per a no arribar castigats a fer l’ascens, després vam estar pujant entre 9 i 13 km/h, amb trams que es feien a 7 km/h, i en el descens tampoc vam poder recuperar molt, ja que no feiem més que intentar frenar tota l’estona (excepte cap al final on hi havia llargues baixades on vam arribar a 63km/h).
